Pensamientos sobre Pentecostés

Nuestra iglesia sería estaría pobre si dependería de una semejante fe.
¿O alguien recién ha visto lenguas de fuego en la cabeza de algún cristiano?


Las imágenes traten de describir algo indescriptible. Lucas sabe porque usa justamente estas imágenes: El viento del cielo quine llena la casa – del viento no se sabe de dónde viene. Hasta ahora hay calma y inactividad. Nada se mueve. Los discípulos están resignados a pesar de sus experiencias con Jesús. Se esconden. Falta la motivación de moverse de nuevo.

Pero de repente salen de la casa. El viento los mueve. No saben de dónde mueve. Ellos no causaron este viento. Viene de fuera.
Es decir: El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo viene de fuera y trae aire fresco que mueve a las personas y les da nuevas fuerzas. Viene del cielo, de Dios.
La otra imagen: Las lenguas de fuego. Quien no tiene lengua no puede hablar. Pero hablar es importante. Palabras pueden causar cambios. Por eso los poderosos de vez en cuando hacen callar a los súbditos porque temen las palabras. Censuran la lengua.

Donde actúa el Espíritu de Dios las personas se atreven a usar su lengua. Las lenguas de fuego simbolizan justamente eso.
En el fondo así se realiza el milagro de Pentecostés, rompiendo fronteras entre las personas. Quien habla es entendido, quien escucha, oye y entiende al otro hablando su idioma, en un sentido mucho más que entender un idioma extranjero.
¿Cuántas veces se hace esta experiencia de que no entendemos al otro aunque habla el mismo idioma? Donde actúa el Espíritu de Dios ahí desaparecen fronteras entre las personas, ahí los atónitos encuentran su voz y son escuchados por los demás.

¿Dónde tenemos nuestras dificultades con el hablar y el escuchar? ¿Dónde estamos nosotros parados, sin movimiento ni motivación?
Conocemos bien las dificultades de entendernos entre nosotros. Eso vale aunque hablemos el mismo idioma. Muchas veces no conversamos con, sino sobre alguien. No escuchamos lo que dice el otro. No queremos escuchar porque nos gusta oírnos hablar mismo. No estamos dispuestos a cambiar opiniones. Hay muchas razones porque no nos entendemos mutuamente.

Por eso necesitamos el “milagro de Pentecostés” siempre y cada día de nuevo. Sin ayuda no podemos superar los problemas de no entender y no escuchar. Necesitamos el aire fresco del espíritu de Dios, el viento que sabe mover a nosotros y a nuestra iglesia. El Espíritu nos da fantasía y la capacidad de escuchar y hablar y actuar en este mundo como corresponde a personas movidos por la fe en Jesucristo.

Una muy feliz fiesta de Pentecostés les desea vuestro pastor
Friedemann Bauschert



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